Novias Piel de Arena

Una de las ilusiones de mi vida es casarme, por todo lo que esto conlleva, me hace ilusión el vestido, las joyas que llevaré, la ceremonia, el banquete, que todo esté precioso… pero sobre todo celebrar con la gente que más quiero el amor que comparto con mi pareja, el amor de mi vida.

Supongo que eso mismo es lo que sintió mi hermana, ella celebró su amor el 4 de Septiembre de 2015. Ella es una mujer muy perfeccionista y le gusta la calidad y las cosas bien hechas, lo preparó todo con dedicación, delicadeza e ilusión. Me asombré bastante al ver todo el trabajo que una boda requiere, y todo para unas horas que pasan como si de minutos se tratara.

Bien, empezaré contando, que el ya marido de mi hermana, me pidió que me encargara de hacer para ella el anillo de pedida, que se lo daría en un viaje a Roma. En ese momento, sentí una responsabilidad que no había sentido antes, ni siquiera  en la elaboración de mi primera colección Piel de Arena. Esto era muy importante, no  sólo por ser el anillo para mi hermana, sino porque el anillo de pedida representa el momento crucial, en el que cuando te lo muestran, debes decidir si quieres compartir tu vida con esa persona. Me puse manos a la obra, ella nunca me había dicho sus gustos respecto a los anillos de pedida, y no sabía cómo hacerlo, y ahí entendí que por norma general ninguna novia me encargaría su anillo de pedida, si no que el novio sería el que vendría a mí a pedirme un anillo sin ningún tipo de detalle. (Sabemos que a excepción de algunos, el comentario de los hombres sería algo así como: -No sé cómo le gustan los anillos…como tú quieras, seguro que le gusta) ¡Error total! Para mí es importante saber los gustos de la novia, saber quién es ella, como es, cuál es su estilo, porque para yo hacer un trabajo bien, necesito ver el alma de esa persona, para tener la inspiración que necesito. Parece algo exagerado, pero esa precisa joya nos acompañará el resto de la vida, y en los mejores casos, será la herencia que pasará de generación en generación.

 

En este caso, conocía bien a la novia; una mujer fina, sencilla, delicada y con gustos exquisitos. Por lo que le hice un anillo como ella.

Todo salió según lo previsto, dijo Sí y el anillo fue un éxito, no quería ni un poquito más ni un poquito menos, para ella, el  anillo era de su perfecta medida.

 

Al  cabo de los meses y acercándose su boda, necesitaba un algo azul, por lo que decidí regarle de mi colección el anillo  Gora  de oro de 18k y piedras de aguamarina.

 

Llegó el día tan esperado, y que con tanta ilusión y dedicación se había organizado.

Allí estaba ella, preciosa, y con un vestido y unas joyas con las que era ella misma, no la vi disfrazada de novia, si no que ese vestido potenciaba su esencia y las joyas que llevaba permanecían discretas resaltando el brillo que ella misma emanaba.

 

Me quedé anonadada, al ver lo preciosa que estaba. No necesitaba más. Estaba perfecta.

Para mí es un error camuflar con vestidos y joyas tu verdadera esencia. Todo es más bello en su justa medida. Pero para eso necesitamos topar con gente, que como anteriormente he dicho nos sepan ver el alma.

 

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